Entrevista a Juan Manuel Montilla ‘ langui',  aquejado de parálisis cerebral y 'Rapero' del respetado grupo de 'hip-hop' La Excepción. Publicada en el Suplemento ‘ Domingo' de ‘El País' de 8 de Febrero de 2009.

UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN

Juan Manuel Montilla 'El Langui'De pequeño, Langui soñaba con ser futbolista o bombero. Futbolista, porque su ídolo era Carlos Santillana, el mítico delantero centro del Madrid, el de los prodigiosos testarazos que dejaban clavado al portero. Bombero, porque nunca pudo olvidar a aquellos hombres con uniforme azul y casco que, cuando llegaba la Navidad, trepaban por la fachada del hospital infantil de San Rafael, junto al estadio Santiago Bernabéu, cargados de regalos para los niños enfermos.

Langui era uno de esos niños. A su madre le faltó oxígeno en el parto y a los seis meses se le diagnosticó al bebé una parálisis cerebral. No ha podido ser futbolista, ni bombero. Pero cambió la ilusión del fútbol por el  hip-hop . A sus 29 años, rapea  en uno de los grupos con mayor credibilidad de la escena  hip-hop  española y el domingo pasado recibió dos  goyas,  uno a la mejor canción original y otro al actor revelación, por su papel en  El truco del manco,  de Santiago Zannou.

Todo lo que toca Langui parece convertirse en oro.

Zapato ortopédico bien feo de los más feos hasta los trece calcé, a ver, no hubo más remedio, ni misterio pa que en verano me sudara el pinrel.

Es lo que dice el estribillo de  Zapato ortopédico,  el tema que dio a conocer a La Excepción en 2003. Un grupo que no para de crecer porque cuenta las historias de un gitano  rapero  y de un chico con discapacidad en Pan Bendito,  Pan Ben,  barrio obrero de Madrid. Cuentan lo que les pasa con su jerga y con su ingenio, con su gracia y sus aguijones. En 2006, se llevaron el Premio MTV Europa al mejor grupo español.

Cuando subió al escenario a recoger el Goya al actor revelación, con la ayuda de su amigo Hugo para subir las escaleras, Juan Manuel Montilla, Langui , rindió homenaje a sus padres y les agradeció que le colocaran siempre el  nesquik  más alto para que él tuviera que esforzarse. Ese esfuerzo continuo es una de las claves de su éxito.

En el barrio Pan Bendito crecía y vivía sin hacer mucho caso a lo que me decían.

Así empieza el primer  rap  que escribió. A los 13 años. Con la base musical de la sintonía de la serie de televisión  El príncipe de Bel Air,  la rampa de lanzamiento del actor y  rapero  Will Smith. Así escribió Langui su primera letra. La  rapea  sentado a la mesa de un restaurante de su barrio e inicia, sin ayuda de nadie, el corte del filete empanado que tiene en el plato. Tiene la parte derecha del cuerpo paralizada. La movilidad de su pierna izquierda es reducida.

Creció en un barrio que era como un pueblo. Casas bajas, señoras que sacan las sillas a la puerta para tomar el fresco, burros que llegan cargados de carbón, de verduras, de manzanas caramelizadas. El colegio Cervantes era el único que no tenía escaleras y allí le llevaron. Es hijo único. Su padre trabajaba de barnizador.

El profesor Justino contó con él para el equipo de fútbol cuando Langui llegó a sexto. Daba igual que tuviera una minusvalía. "Es que él siempre ha querido hacer lo mismo que hacíamos nosotros, es muy  echao p'alante",  explica su amigo Goyo, más conocido como Rellenito Maqueijan, personaje cuya peculiar voz aparecía entre los cortes de las canciones del primer disco y que ahora conduce  Radio Taraská,  el programa de radio por Internet que dirige Langui. Éste también lo presentaba antes, pero la vida se le ha complicado tanto que ha cedido los trastos a Rellenito Maqueijan.

Un amigo de su padre, Matías, que fundó un equipo de baloncesto en silla de ruedas, salió en el periódico el día en que se atrevió a escalar un muro a pesar de su minusvalía. "A mi padre le molaba que yo viera esas cosas", explica Langui mientras da un trago a la caña que acompaña al pollo. A Matías le llamaban Langui, y así es como el mote recayó también en él.

Aún recuerda el gol que metió de cabeza en un partido con el equipo del colegio. "Me colgaron el balón y yo estaba en el segundo palo. Me tiré en plancha y entró por toda la escuadra. Yo creía que iba a ser futbolista, yo quería ser Santillana". Langui tiene que cuidarse y hacer rehabilitación para no ir perdiendo movilidad con el paso de los años.

Un cura que revolucionó a toda la chiquillería de Pan Bendito, Julio Yagüe, le regaló una mesa de seis canales para que grabara los programas de radio que le gustaba hacer en casa. Hasta entonces, utilizaba el cartón de un rollo de papel higiénico para sujetar el micrófono y grabar sus programas.

Todos reunidos en el poli, intentando tirarnos a la Loli.

Fueron los versos que, con 12 años, le  rapeó  al oído a Antonio, un gitano del barrio al que le gustaba el  hip-hop.  Antonio, más conocido como El Gitano Antón, su compañero rapero  de La Excepción, lo recuerda sentado en la furgoneta del  manager  de la banda. "Nada más escucharle le dije que teníamos que hacer cosas juntos". Ése fue el germen del grupo. Durante muchos años, sentados en la parada del 131, en la avenida de los Poblados, se repetían, el uno al otro, una y otra vez: "El día de mañana... Paciencia, fuerza de voluntad y paciencia". Soñaban con un futuro que empezó a hacerse realidad en 2003.

Sentado en un banco frente al local donde graban el programa de  Radio Taraská,  su amigo La Dako Style, el  dj  del grupo, al que conoce desde los siete años, recuerda los comienzos. Entre risas, rememora aquel día en que fueron a una tienda de música a comprar unos platos de  dj.  El dependiente bajó a buscar los platos al sótano y la planta de la tienda quedó desierta.  "Abuchara, abuchara",  le dijo Langui a La Dako, y éste escondió bajo el abrigo una mesa de mezclas de ocho canales, una Acoustic Control, la mesa con la que grabaron las maquetas de su anterior grupo, Amenaza Criminal, germen de La Excepción. La Dako Style se ríe de aquel episodio. "Ahora te arrepientes de eso, no se te ocurriría hacerlo, pero con 13 años, con las hormonas alteradas y con las ganas que había de grabar...".

Y eso que el grupo de Langui y sus colegas eran de lo más buenecito de Pan Bendito. "En el barrio, el que no acababa  endrogao  se tiraba al rollo de las pastillas, o se agarraba a la moda de abrir coches", recuerda Langui. "Pero nosotros, no. Nosotros estábamos siempre apartados, nos reuníamos en el  poli  [polideportivo] y, a nuestro rollo, sin molestar". Una noche, sentado en un banco, cuando el grupo empezaba a dar sus primeros pasos, su amigo Antonio Molina dijo: "Somos la excepción que confirma la regla". Langui y El Gitano Antón se miraron. Ya tenían nombre para el grupo.

En los conciertos de  rap  que se celebraban por Madrid y sus alrededores, al final siempre se abría un espacio al  freestyle:  chavales jóvenes sin disco ni nada se subían a rapear  al escenario. Fue una noche del año 2000 cuando, después de un concierto de Maese Kds, El Gitano Antón y Langui se subieron a escena. Triunfaron. Entre el público estaba uno de los popes del  rap  en español, Frank T, legendario  mc  -maestro de ceremonias,  rapero-  de origen congoleño, el que les descubrió y les abrió la primera puerta. Juntos grabaron un tema:  El cojo, el negro y el gitano.  Así empezaba el  rap  de Langui:

El Langui chacho que se acerca, y agarrao de la mano del gitano si hace falta, mama, ¿que si puedo ir a la fiesta? Ni muy ciego ni muy tarde me tiene usted en la casa.

En 2003 aparecía  Cata cheli,  el primer disco de La Excepción. Causó furor en el  rap español. Esas rimas agitanadas del  Pan Ben  exudaban autenticidad. Langui define el estilo de su grupo: "Alegría, fuerza, detalles e ilusión". Del primer disco, vendieron 33.000 copias. En uno de sus más celebrados temas,  Amos chacho,  el Langui  rapeaba así, describiendo el acceso al mundo de la música:

Pues si es normal, hombre que to nos suene a chino, que no hemos estao nunca metío en estos temas, que si er caché que si el protools, que lo llaman royalti. ¿Y que no es de Flandul?

Lo grabaron en el estudio de Woulfrank Zannou, que entonces le presentó a su hermano Santiago A. Zannou, premio Goya al director revelación por  El truco del manco.  De ese encuentro nació la historia que Zannou empezó a escribir y que llevó al Langui a subirse dos veces a recoger el premio el domingo pasado, con su traje de chaqueta y corbata plateados. La película cuenta la historia de un chico con discapacidad y de uno de ascendencia africana que intentan conseguir un sueño: construir como sea un estudio de grabación.

"Es un ejemplo de humildad, no va de estrella y predica con el ejemplo", cuenta Santiago A. Zannou, hijo de un africano de Benín y una aragonesa, recordando los días del rodaje de la película. "Compartimos esas ganas de superarse. Es muy trabajador. Los chicos de barrio, cuando podemos trabajar, tenemos la pila puesta", explica. "La suya siempre ha sido una lucha por sentirse útil. Él decidió que quería darle la vuelta a esa supuesta inutilidad y lo ha hecho. Aunque no pueda ir tan rápido como los demás andando, sí va mucho más rápido con la cabeza".

Para acudir a la ceremonia de los Goya, Langui tuvo que escoger a una persona para que le acompañara y le ayudara a subir las escaleras en caso de que hubiera premio. Eligió a su amigo Hugo. En una cafetería de la calle de Fuencarral, cerca de la tienda de ropa hiphopera  en la que trabaja, Hugo habla de su amigo. Eran vecinos de portal. Iban y volvían del colegio juntos todos los días. Para un trayecto de apenas diez minutos, empleaban una hora. Hugo, siempre ayudando a su amigo, cargando con las dos mochilas si hacía falta. "Él siempre dice lo mucho que le he ayudado pero me da mucha más fuerza él de la que yo le pueda dar. Es positivo al 100%. Transmite alegría y fuerza. No tiene miedo a nada, ni vergüenza con nada".

La casa de la abuela de Rubén, el otro socio de la tienda  hiphopera,  es el lugar al que durante años acudieron de vacaciones juntos, a la playa. Fue allí, en San Pedro de Alcántara, cerca de Marbella, donde Langui conoció a la que hoy es su mujer, Rocío. Hace dos años y medio tuvieron a su hijo. Se llama Hugo, como su amigo. "Todo lo que no ha podido correr y saltar su padre, lo hace él", cuenta Langui mientras se desplaza en la pequeña moto eléctrica que le ha cambiado la vida.

El  rapero  de Pan Bendito vive ahora en San Martín de la Vega (Madrid), pero todos los días baja al barrio, donde tiene el local en que se reúne con sus colegas. Un local decorado con fotos del Che y de Camarón, con recortes de mujeres ligeras de ropa pegados a las paredes. Suena un tema de Son Doble,  rapero  norteamericano de nuevo cuño, La Dako Style está  pinchando . En esta antigua mercería es donde graba los programas de radio. Aquí también ensaya alguna vez con el grupo, pero ya se ha montando un estudio en su propia casa, donde ha parido el que será el tercer disco,  La verdad más verdadera,  que se editará a finales de marzo.

Langui es una máquina, no para de hablar, no para de generar proyectos. "Da igual ganar o perder, la cuestión es que nunca se te quiten las ganas", dice. Dirige y produce el programa de radio, escribe guiones del cómic  Caminito al   Arlequín,  atiende la nueva ola de promoción de la película generada por los  goyas...  No para quieto. Y en proyecto, una serie de televisión. La dirigirá Santiago A. Zannou, el de  El truco del manco,  que la describe así: "Será cómica y reivindicativa. Él actuará como narrador de las historias de un barrio a través de una radio independiente, al estilo de Samuel L. Jackson en  Haz lo que  debas, de Spike Lee".

Nada como desear con absoluta virulencia las cosas para que se cumplan. Para superar todas las barreras.

"Los humanos somos unos mierdas, unos desgraciados de la vida", dice. "Decimos que no tenemos la culpa, y todos tenemos la culpa. Nos creemos propietarios de la tierra y no hay más que ver las atrocidades que cometemos".

En  A tientas,  el tema con el que se ha llevado el Goya a la mejor canción, compartido con Woulfrank Zannou, Langui  rapea:

Cuando sales a la calle te puedes ahorrar esas putas compasiones que no me hacen mal.

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